miércoles, 25 de enero de 2017

Mi seudónimo


           Mi seudónimo
Mi seudónimo sería Ianu Kriz y me sugiere el nombre de un escritor de novela policíaca. El título de una de sus novelas sería “Los misterios de Frank”.

Sinopsis de la historia inventada:
 El protagonista de esta historia es un campesino que se dedica al cultivo de manzanos de los cuales produce sidra. Tiene fama de terco y tacaño, por esta razón no es muy querido en su pueblo. Una noche de invierno, mientras el campesino se encuentra dormido en su cama, se incendia una hoguera que destruye la mayoría de sus tierras, y a consecuencia de ello, pierde todos sus manzanos. Al final de la historia se despeja la incógnita, una llamada de teléfono aclara todo lo sucedido. Resulta que el incendio se produjo por la caída de una farola al suelo situado entre el caserío del protagonista y otro caserío colindante. Además de comunicarle dicho suceso, se compadeció de su vecino al ver que se había quedado sin ningún fruto y le prometió entregarle la mitad de su cosecha. La única condición de tal hecho bondadoso sería que cada vez que se cruzaban por la calle tenía que devolverle el saludo, obligándole también a cambiar su carácter testarudo.

 Historia inventada
 Érase una vez un campesino muy testarudo con hectáreas y hectáreas de manzanos en su haber. Vivía en una granja solitaria y descuidada, situada en la parte más elevada de la aldea. Principalmente se dedicaba al cultivo de manzanos de los cuales la mayoría los empleaba para producir sidra y posteriormente llevarlo a la venta. Además de ser un hombre terco podríamos decir que era un hombre tacaño y, por esta razón todos le conocían como el “el viejo pesetero gruñón”. 
Una gélida noche de invierno, mientras el campesino dormía en su cama resguardado de las mantas que él mismo había elaborado mediante la lana obtenida de las pocas ovejas que poseía; un ruido alarmante acompañado de un humo espeso le despertó del sueño. ¡Sus preciados manzanos estaban ardiendo!, gran parte de su cultivo se había convertido en aquella llama roja devastadora cubierto de un humo negro que más tarde se propagó hasta el pueblo. La rápida colaboración de los lugareños y los bomberos que llegaron más tarde pudieron apagar el fuego producido en el terreno. Prácticamente toda su futura cosecha se había reducido a cenizas y las ganancias que tenía previstas iban a quedarse en nada.
El siguiente día de la trágica noche en la cual el campesino perdió la mayoría de la cosecha, recibió una llamada de otro labrador que vivía cerca de su caserío. En dicha llamada, el señor que se encontraba al otro lado del teléfono le comunicó una noticia que le cambió la expresión del rostro y dio un cambio inesperado su situación. Según el granjero que vivía en el caserío contiguo al suyo, una de las farolas que iluminaba el paso entre los dos caseríos se cayó al suelo provocando, de este modo, el incendio que devastó toda su cosecha. El señor que le informó de tal suceso, se compadeció de su vecino al ver que se había quedado sin ningún fruto y le prometió entregarle la mitad de su cosecha. La única condición de tal hecho bondadoso sería que cada vez que se cruzaban por la calle tenía que devolverle el saludo, obligándole también a cambiar su carácter testarudo.
Ya sea por la condición impuesta por el otro agricultor o bien por el hecho bondadoso, el campesino cambió radicalmente su personalidad, respetando a todas las personas que le rodeaban y ayudando a la gente que se encontraba en una mala situación.

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